jueves, 8 de enero de 2009

EL HOMBRE DE LAS MIL ERAS

Yo soy el hombre: viví aquí prisionero dentro de mí por todos los años de ese capricho que yo llamé humanidad. Yo soy el hombre, padre de todo lo dioses, de todo lo bueno y de todo lo malo yo soy su creador, yo los invente porque necesitaba compañeros que pudiera alimentar mi alma sola. Miré dentro de mí, y vi los abismos, mire dentro de los hombres, y vi los abismos que también son los otros hombres; vi el horizonte, y vi los abismos que existían en los horizontes, y todo eso fue un contemplar de abismo a abismo, un contemplarse así mismo, un abismo que devoraba a otro, un abismo que nacía de otro, abismos que eran muchos y que era uno: sentí vértigo, y me dio miedo; por eso invente las cuatro paredes que encerraban el universo y la llame yo Dios único, así evitaba yo el mirarme a mí mismo y emborracharme del abismo que soy yo.
Yo soy el hombre, soy lo que se anhela y lo que se ha perdido, una meta, y un regresar a casa. El medidor y el qué es medido, el que vuela al cielo y se desbarata una y otra vez envuelto en las fabulas que yo mismo he inventado. Desde mí todo nace y se pierde, desde mí todo se contempla y se es contemplado, todo es sabido y todo se ignora, porque entre los demases dioses yo soy el único que soy, el único que se mira y mira lo demás, el único que siente altura al mirarse y al mirar lo demás.
Y cuando el hombre pase, y yo deje de ser, entonces los señores del universo se mirarán así mismo preguntándose dónde ha quedado el hombre, entonces se volverán así mismo tornándose nada: Porque yo soy el hombre, el hijo primogenito de la verdad y de lo que existe.

No hay comentarios:

Publicar un comentario